El origen del mundo

Al principio, érase el Frío y el Calor. El frío era Nifelheim, un mundo de oscuridad, frío y niebla. El calor era Muspell, el mundo del eterno calor. Entre estos dos mundos existía un gran vacío con el nombre de Ginnungagup.

En Ginnungagup surgió la vida al encontrarse el hielo de Nifelheim y el fuego de Muspell. De este encuentro entre el frío y el calor nacieron primero el ogro Ymer y después la gigante vaca llamada Audumbla.

Allí, en aquel vacío inmenso – flanqueado por luz y tinieblas – yacía el origen de toda vida. Al encontrarse hielo y fuego, la nieve, lentamente, empezó a derretirse y, moldeada por el frío, pero despertando a la vida por el calor, surgió una extraña criatura, un enorme ogro llamado Ymer, el gigante más grande que jamás haya existido. Conforme el hielo se derretía, las gotas iban configurando otra criatura… con ubres y cuernos: una vaca colosal llamada Audhumla. Daba tanta leche, que el níveo líquido fluía de sus descomunales pezones como ríos caudalosos. Así encontró sustento Ymer. ¿Y Audhumla? La vaca, inmediatamente, empezó a lamer las salobres piedras, cubiertas de escarcha, que yacían alrededor de ella y del gigante. Y entonces sucedió algo extraño. De pronto, de una de las piedras, el enorme rumiante, lamiendo, sacó unos largos mechones de pelo. Al día siguiente, de la misma piedra, surgió una cabeza y un rostro. Y al tercer día, la vaca, finalmente, extrajo con sus lamidos un cuerpo entero… Era un varón, alto y hermoso. Su llamaba Bure, y de él descienden los dioses que llamamos asas.

El gigante Ymer tuvo hijos consigo mismo. Mientras dormía, empezó a sudar y, de pronto, surgieron del sobaco izquierdo una criatura masculina y otra femenina. Y no queriendo ser menos las piernas que los brazos, los pies copularon entre sí y dieron a luz un hijo con seis cabezas. Ése fue el origen de los “gigantes de escarcha”, a veces llamados troll u ogros, pero más conocidos como yotes.

Audumbla vivió lamiendo la escarcha en las rocas salobres, de donde surgió poco a poco el primer hombre, Bure, y de él descienden los dioses llamados ases. El hijo de Bure, de nombre Bor, se casó con la hija de un yote, Bestla, y juntos tuvieron tres hijos dioses: Odín, Vile y Ve.

Tal vez las diversas criaturas lograran vivir en paz unas con otras durante bastante tiempo. En cualquier caso, tuvieron descendencia común… Odín – que más tarde se convertiría en el dios supremo – era vástago de Bestla, hija de un yote, y de Bor, hijo de Bure.

Los yotes, empero, fueron aumentando en número y pronto el lugar se plagaría de esa raza. Entonces, un día, Odín y sus hermanos – Vilje y Ve – se rebelaron contra Ymer y su estirpe. Se entabló una feroz batalla, de la que salieron victoriosos Odín y sus hermanos. Los dioses mataron al gigante, y una ola de sangre se abatió sobre los enemigos de los asas, ahogándolos a todos… a todos menos a dos. De esta pareja de yotes, que huyeron a través de la niebla buscando refugio en el país de las brumas, provienen todas las generaciones posteriores de “gigantes de escarcha”…

También Audhumla, la primera vaca, seguramente sería arrastrada por las olas y arrojada al precipicio, puesto que, desde aquel baño de sangre, nadie ha vuelto a saber de ella…

Los asas arrastraron el cadáver de Ymer hasta el centro del inmenso vacío, Ginnungagap, y lo pusieron, a guisa de tapadera, sobre el abismo. Entonces, sobre el cuerpo sin vida del gigante crearon el mundo. La sangre de Ymer se transformó en mar; su carne, en tierra.

Los huesos del coloso se convirtieron en rocas y peñascos. Los dientes y las astillas de hueso roto, en piedras y cantos rodados. El pelo se transformó en árboles y hierba. Los dioses lanzaron al aire el cerebro de Ymer, muy alto, creando las nubes.

¿Y el cielo? El cráneo del gigante fue puesto como una bóveda que cubría todo lo creado. Luego, los dioses tomaron chispas del ardiente Muspellsheim y las colgaron en el firmamento, donde siguen brillando desde entonces; dentro de lo que otrora fuera el cráneo de Ymer… Así se crearon las estrellas.

Del cadáver de Ymer salían arrastrándose pequeños gusanos, que se convirtieron en los primeros enanos, moradores de grutas y cavernas del mundo subterráneo. Los asas eligieron a cuatro de ellos para sostener la bóveda celeste y vigilar los cuatro rincones del universo. Son los enanos llamados Este, Oeste, Norte y Sur. Así fue como todo lo creado quedó imbuido de sentido y propósito.

Creación de los distintos mundos

See also

Esta sección se encuentra explicada más en detalle en Los 9 Mundos

Yggdrasil

En este nuevo mundo crearon el mundo de los hombres, llamado Midgard. Luego, y para que los hombres no se sintieran solos, crearon en el centro de Midgard el mundo de los ases, Asgård, en cuyo centro crecía un gran fresno llamado Yggdrasil.

Junto al fresno Yggdrasil tienen los dioses su tribunal. Este es el mayor de todos los árboles, sus ramas se extienden por todos los mundos y llegan al cielo. De las tres raíces del árbol, una llega donde los ases, otra donde los Gigantes de Hielo, allí en el antiguo Ginnungagap, y la otra en Nifelheim. Bajo esta raíz está la fuente Hvergelmir, allí Nidhogg la serpiente mordisquea las raíces.

Bajo la raíz que va a donde los Gigantes está la fuente de Mimir, que oculta la sabiduría y el conocimiento. Mimir bebe de esta fuente con el cuerno Gjallarhorn, y de ella dio a beber a Odín, quien dio en prenda su ojo siendo desde entonces el dios tuerto. La tercera raíz está en el cielo, y bajo ella está la sagrada fuente de Urd.

Allí está el tribunal de los dioses, y cada día cabalgan los dioses cruzando el Bifröst. En una hermosa sala viven tres doncellas, las Nornas, Urd, Verdandi y Skuld (pasado, presente y futuro), que modelan el destino de los hombres. Hay nornas de los elfos, de los hombres y de los enanos. Un águila sabia se sienta sobre las ramas del fresno, y sobre sus ojos hay un halcón que se llama Vedrfolnir. La ardilla Ratatosk sube y baja el fresno y lleva habladurías entre la serpiente/dragón Nidhögg y el águila.

Yggdrasil

Cuatro ciervos comen junto al fresno: Dain, Dvalin, Duneyr y Durathror. Hvergelmir está llena de serpientes, y en la fuente de Urd, con la que las nornas refrescan sus raíces para que no se pudran y cuya agua vuelve a todo lo que toca transparente como la clara del huevo, nadan dos cisnes.

Del rocío de Yggdrasil se alimentan las abejas. El concepto del árbol cósmico, el eje del mundo, se halla por doquier en las mitologías, y en este caso de la nórdica se expresa con especial fuerza, procedente de los indómitos bosques del norte de Europa y de toda la cultura celta/nórdica desarrollada alrededor de la sabiduría del árbol y su simbología para chamanes y druidas.

El gigante Narfi, que habitaba en Jötunheim (Jötum = gigante en el idioma nórdico) fue el padre de Nott (noche), negra y oscura. De Naglfari tuvo a Aud. De Annar a Jord, la tierra. de Delling (brillante), de la estirpe de los Ases tuvo a Dag (Día), luminoso y bello. Odín les dio caballos para que recorrieran el cielo. El de Nott se llama Hrumfaxi y humedece la tierra con su espuma de bocado (rocío) y el de Dag se llama Skinfaxi e ilumina el aire y la tierra con sus crines. Un hombre llamado Mundilfaeri tuvo dos bellos hijos Luna (el chico) y Sol (su hermana). Ésta casó con un hombre llamado Glen.

Los dioses irritados los pusieron en el cielo como conductores de los carros del sol y de la luna, chispas de Musspell. Los caballos de Sol se llaman Arvaki y Alsvidr y son refrescados por las fuelles isarnkol. Luna tomó de la tierra dos niños, Bil y Hjuki, que salieron de la fuente Myrgir llevando la cuba Saerg y la pértiga Simul. Vidfinn se llama su padre. Estos niños se ven aún desde la tierra. Los carros celestes son perseguidos por los lobos Skoll y Hati. son hijos de Hródvitin y de Gyg la giganta, de cuya estirpe de hechiceras, las Jarnvidur, nacerá Managram, el lobo que se tragará la luna.

En Asgård tenía Odín su casa llamada Valhalla, donde vivían los guerreros vikingos muertos (Einherjerne) y las valquirias. Las valquirias eran las vírgenes guerreras o espíritus de guerra de Odín, y las que llevaban a los guerreros muertos a Valhalla. Valhalla tenía 540 puertas y todas tan grandes que podían entrar 800 hombres a la vez. Su techo estaba cubierto de escudos dorados, encima de los cuales caminaba la cabra Heidrun. Heidrun comía las hojas de Yggdrasil y de su ubre caía la hidromiel que bebían los guerreros.

Todos los días los guerreros de Valhalla salían al campo de batalla, aunque ahora sin que les ocurriera nada. Si se les caía un brazo o una pierna, las valquirias lo arreglaban por la noche. Después de la batalla venía el gran festín con mucha comida y bebida. Valhal era una especie de paraíso para los guerreros, algo que les quitaba el miedo a morir. Así se preparaban para la última batalla el día de Ragnarok, “el crepúsculo de los dioses”, el día del fin del mundo.

Midgard, la tierra de los mortales, y el divino Asgard estaban unidos mediante Bifröst, el puente del arco iris que estaba hecho de fuego para que los gigantes no pudieran atravesarlo.

Los enanos solían habitar entre peñas y riscos, a menudo bajo tierra, en lugares escondidos de Midgard y Utgard. Aunque hábiles herreros, no se podía confiar plenamente en ellos…

Los elfos, por el contrario, eran amigos de los dioses y de los hombres. Moraban en Alvheim, lugar que algunos creían localizado en el interior de las murallas de Asgard, y otros, en Midgard. Tan poco sabemos de enanos y elfos… Incluso había quien los creía emparentados entre sí y que debieran llamarse “elfos claros” y “elfos oscuros”. En cierta época, hubo otra raza de dioses llamados vanes, distinta de los ases, que moraban en Vanaheim. Pero su fortaleza fue destruida, y ningún mortal sabe ya dónde estaba situada…

Junto a una fuente de Asgard vivían las diosas del hado: las tres Nornas Urd, Verd y Skuld. Las Nornas conocían el destino de todos los seres vivientes y sabían lo que la suerte le depararía a cada uno y a todo lo creado. Se dice que había también nornas entre los elfos y los enanos. Esa clase de adivina era llamada volve, que significa “portadora de bastón”. El bastón era el símbolo de su poder sobrenatural. Cuando entraba en trance, la volve podía ponerse en contacto con el mundo espiritual, y conocía muchos y poderosos hechizos mágicos (galdrer).

¿Era el mundo redondo?

El mundo era redondo; pero no como una manzana o una pelota. Tenía forma circular, como un disco de madera, delgado y plano, aserrado del extremo de un tronco.

Creación de los hombres

Un día, caminando Odín y sus hermanos por la playa, se encuentran dos troncos de árbol traídos por las olas. Los dioses ponen los troncos de pie y les infunden vida. Odín les dota de respiración y alma. Vilje, de la aptitud de pensar y moverse. Ve, de las facultades de hablar, oír y ver. Los ases les dan calor y color.

Ahora, los troncos ya no son simple madera a la deriva, sino que se han transformado en Hombre y Mujer. Los dioses llaman al Hombre Ask, y a la mujer, Embla. De esta pareja descendemos todos los seres humanos.

El comienzo del tiempo

En el principio no existía el tiempo. En cierto modo, todo permanecía extrañamente inmóvil. Pero la ogresa Noche y su hijo Día recibieron de los asas un caballo y un carro cada uno, y fueron puestos en el cielo para que giraran alrededor del mundo todos los días. Noche cabalga delante, en su corcel Rimfakse, que tiene las crines de plata escarchada. El rocío que cae sobre los campos cada mañana son las gotas de espuma que brotan del freno. Tras Noche viene Día, su hijo, que monta un caballo llamado Skinfakse, por sus relucientes crines. Entonces, los dioses cogen chispas de Muspellsheim y crean el Sol y ponen a la Luna en órbita, dando a uno y otra, para que no caigan, un carro celestial con dos efebos que llevan las riendas de los veloces corceles. Sol y Luna se deslizan vertiginosamente por el firmamento, perseguidos siempre por dos enormes lobos que tratan de morderles los talones, intentando devorarlos. Tal vez lo consigan algún día…

¿Qué dioses eran los principales?

Odín era el dios supremo. Dios de la sabiduría y de la magia, reinaba sobre los demás asas. Su día es el miércoles (onsdag), mientras que el viernes (fredag) lleva el nombre de su esposa Friga. El corcel de Odín, Sleipnir, tenía ocho patas. Odín poseía también dos cuervos (Hugin y Munin), que salían a volar por el mundo cada mañana para observar y escuchar, regresando por la tarde para dar cuenta al dios de todo lo que habían visto. La lanza de Odín, Gungne, nunca fallaba el blanco. De su anillo, Draupne, goteaban, cada nueve noches, otros ocho anillos de igual magnificencia. Odín tenía un solo ojo; de joven, había dejado el otro en prenda al gigante Mime a cambio del derecho a beber del delicioso manantial de la sabiduríar, que guardaba el gigante. (Más tarde, Mime sería degollado, pero Odín halló el cráneo sangrante del coloso y lo ungió con hierbas curativas. Al instante se abrieron los ojos y la boca pudo articular palabras de nuevo. Desde entonces, la cabeza de Mime ha sido uno de los mejores consejeros de Odín…)

Después de Odín, el dios más poderoso era su hijo Thor. Su día es el jueves (torsdag). Fuerte e impetuoso, siempre está dispuesto a plantar batalla a los yotes y troll. Aun cuando Tyr (tirsdag, martes) tal vez sería algo más valiente, nadie en el mundo entero eran tan fuerte como Thor. Y su martillo tonante, Miolnir, era el arma más peligrosa en los cielos y en la tierra. Thor podía reducir o aumentar su tamaño a su antojo, y cuando lo lanzaba, siempre daba en el blanco y retornaba a sus manos. Adondequiera que fuese, su carro era tirado por dos machos cabríos – Tanngjost y Tanngrisne – en lugar de caballos. Los machos cabríos podían ser sacrificados al atardecer y, sin embargo, resucitar a la mañana siguiente, si se tenía cuidado de no romper ningún hueso al comer la carne, y si se recogían todos los huesos y se metían en la piel del animal. El trueno era el sonido que hacía el carro de Thor cuando rodaba por el cielo.

Siv se llamaba la esposa de Thor. Sus cabellos eran de oro puro y, de todas las diosas, únicamente Freya – la diosa del amor – era más bella. Freya era también quien enseñaba a los asas el arte de la brujería. Poseía un manto mágico de plumas, con el que podía transformarse en un halcón cuando lo deseaba, y montaba un carro tirado por un tropel de gatos. Aunque todos se dirigían a Freya para pedir ayuda o consuelo en asuntos del corazón, la diosa era incapaz de curar sus propias y eternas penas de amor. Su esposo la había abandonado (nadie sabía su paradero). A menudo, Freya lloraba su pérdida amargamente, y sus lágrimas eran del oro más puro…

El hermano de Freya era Frei, que significa “Señor” o “El Primero”. Frei era el dios de la fertilidad. En realidad, él y Freya descendían de los vanes (la raza de dioses con que combatieron los asas por el dominio del mundo al principio del tiempo). Originariamente, Frei y Freya habían sido rehenes de los asas, junto con su anciano padre. Frei poseía un jabalí mágico, llamado Cerdas Doradas, que podía correr tan deprisa por tierra como por mar y aire… También era dueño de la nave mágica Skidbladner, cuyas velas hinchaba siempre un viento favorable y que podía plegarse como un mantel y guardarse en el bolsillo cuando no se usaba.

Los dioses de Asgard poseían otros tesoros preciosos, pero el más excelso de todos eran las manzanas mágicas que guardaba la diosa Idunn, las manzanas de la juventud, de las que los dioses tenían que tomar un bocado de vez en cuando para no desmedrar y envejecer.

Odín tenía muchos hijos varones. Mencionarlos a todos sería poco menos que imposible, pero no podemos eludir a Heimdall. ¿Quién podría? Heimdall había nacido milagrosamente de nueve (!) jóvenes ogresas en los albores del tiempo, y era el guardián de los dioses. Vivía cerca de Himmelberget y vigilaba el puente del arco iris, Bifrost. Heimdall necesitaba menos sueño que un pájaro, y era capaz de ver tan claro por la noche como por el día y de oír crecer la hierba. El día final del mundo, tocaría su trompa Gjallarhorn para llamar a los dioses a las armas en la última gran batalla contra los ogros y los poderes de las tinieblas.

Balder era hijo de Odín y Frigg, famoso por su afabilidad, gentileza e inteligencia. Balder sufría pesadillas y tenía miedo de morir, pero su madre – la más poderosa de las diosas de Asgard – hizo jurar a todos y a todo que nadie jamás le haría daño. Los dioses se divertían disparando sus armas sobre Balder, pues éste ya no podía ser muerto o herido. Friga, empero, olvidó preguntar al muérdago, que consideraba demasiado pequeño e insignificante. El intrigante y artero Loki se enteró de ello e indujo al ciego Hodur a matar a Balder con una flecha hecha de ese arbusto. Entonces los dioses enviaron un jinete a Helheim, la Morada de los Muertos, a pedir el retorno de Balder. Hel, la reina de Helheim replicó que Balder resucitaría si el mundo entero lloraba su destino. Y todos y todo - aun las piedras y los árboles - siguen intentando con sus lágrimas (en vano) que resucite el dios muerto.

¿Quiénes son los enemigos de los dioses y de los humanos?

Aunque a veces conocidos como ogros o “troll”, solían ser llamados yotes. Aquellos gigantes habitaban en las soledades y los escabrosos montes de Utgard y Jotunheim. A menudo hombrones enormes y poderosos, eran las fuerzas del caos. El único asa que podía hacerles frente en una lucha cuerpo a cuerpo era Thor, dios del trueno. Los yotes poseían poderes mágicos incomparables. En una ocasión, por ejemplo, hicieron un enorme gigante de barro y le pusieron el nombre de Mokkurkalve. Era un ser artificial de aspecto aterrador, de noventa kilómetros de alto y treinta de busto… Las ogresas cabalgaban sobre lobos, usando víboras de bridas. Aunque podían ser terriblemente feas, algunas incluso monstruosas, también podían ser increíblemente bellas… tanto que incluso Odín, en más de una ocasión, se dejó seducir en fogosos lances amorosos.

¿Eran Loki y sus hijos aún más peligrosos?

Artero, malévolo e intrigante, Loki era originalmente un yote, pero, a temprana edad, mezcló su sangre con la Odín y, por ende, fue aceptado como un asa.

Loki era un bromista y acabó mal. Traicionó a los asas y causó la muerte de Balder. Como castigo por este acto nefando, fue encadenado bajo una serpiente que goteaba un veneno letal y corrosivo sobre su rostro. Pero su fiel esposa, Sigyn, permaneció pacientemente a su lado sosteniendo un cuenco grande para recoger la sustancia ponzoñosa. Mas de vez en cuando, tenía que volverse para vaciar el cuenco, y entonces el veneno caía en la faz de Loki, haciéndole retorcerse con tanta violencia, que el mundo entero se estremecía. Esto es lo que se llama terremoto. Loki tenía hijos en Asgard y también otros descendientes más extraños. Con la ogresa Angerboda fue padre del Lobo Fenris, de la Serpiente Midgard y de Hel; y con el semental Svadilfare fue madre (!) del caballo Sleipnir.

El Lobo Fenris era una bestia verdaderamente monstruosa. Se crió en Asgard, pero adquirió un tamaño tan descomunal y se volvió tan fiero y peligroso, que sólo el dios Tyr osaba alimentarlo. Los asas hicieron que los enanos forjaran una cadena irrompible, Gleipnir, hecha del sonido de los pasos de un gato, la barba de una mujer, las ráices de una roca, los tendones de un oso, el hálito de un pez y la saliva de un pájaro. (De ahí que los pasos de un gato no hagan ruido, las mujeres no tengan barba, etc.) Con gran astucia, lograron encadenar al lobo tan fuertemente que apenas podía moverse, y le metieron una espada en la boca, de suerte que siempre estaba con la fauces abiertas, incapaz de morder. Sólo cuando acabe el mundo, podrá liberarse finalmente de sus cadenas…

El segundo vástago de Loki y de la yote Angerboda era una serpiente. Los dioses la arrojaron al mar, donde, con el tiempo, creció de forma tan increíble que la llamaron Serpiente Midgard, porque circundaba la tierra entera mordiéndose la cola con la boca.

Ello no obstante, tal vez fuese el último de los tres retoños de Loki y Angerboda quien causara más aflicciones a los dioses y al género humano. Era una doncella monstruosa, medio blanca y medio negra azulada. Fue expulsada de Asgard y se afincó muy al norte, donde creó el reino de los muertos, un mundo subterráneo, gris, frío y húmedo, llamado Hel, como ella. Todo aquel que moría de enfermedad o senectud iba a parar a Hel, donde llevaba una existencia triste y sombría. La propia reina de los muertos parecía un cadáver, y todo lo que poseía tenía nombres que recordaban la fría “vida” de la tumba. En tiempos pasados, cuando la gente sentía la presencia de fantasmas, se decía que “la Puerta de Hel está abierta”. El día de la Gran Batalla Final, Hel y su ejército de muertos combatirán contra los dioses.

Pueden morir los dioses?

Sí, pueden morir.

¿Se podía ir a parar a otros lugares después de morir?

Al morir, los que habían combatido valerosamente en el campo de batalla iban con Odín o Freya. El dios supremo mandaba a las valkirias, en sus cotas de malla, a recoger a los héroes caídos en combate. Las valkirias iban armadas y podían cabalgar por los aires. En Asgard los muertos eran divididos entre Odín y Freya. La mitad vivía con Odín en el Valhalla (“val” significa campo de batalla), y la otra mitad con Freya en Folkvang (en este contexto, “folk” significa hombres en orden de batalla).

Mientras que se sabe poco de la vida en Folkvang, existen numerosas descripciones del Valhalla. En el baluarte fuera de aquel enorme “cuartel”, se permitía a los héroes combatir cuanto querían durante todo el día, y no importaba que perdieran un brazo o dos, pues, al atardecer, se levantaban del campo de batalla sin un rasguño. Como amigos del alma, los guerreros entraban en la vasta sala del banquete, donde hermosas valkirias servían hidromiel y carne de cerdo cocida. El cerdo que comían, Sæhrimnir, era un animal extraordinario: Cada día era sacrificado y devorado, pero, al llegar el alba, resucitaba.

El último día del mundo, Odín capitaneará a los dioses y a los héroes muertos en la gran batalla final contra los yotes y los poderes de las tinieblas. El propio Odín luchará contra el lobo Fenris y será devorado por el monstruo. Así dice la profecía.

El fin del mundo

Según se vaya acercando el fin, habrá escasez y discordias. Esa fase final se llama Ragnarok, que significa “el crepúsculo de los dioses”. Los hermanos se matarán entre sí y los hijos no perdonarán a sus propios padres. Luego vendrán tres años seguidos de invierno, Fimbul, después de los cuales lobos celestes devorarán el sol y la luna. Se desmoronarán las montañas y todos los vínculos se romperán.

El Lobo Fernis quedará en libertad, al fin, y correrá por el mundo con las fauces abiertas, arrastrando por tierra la quijada inferior y tocando las nubes con la inferior. Sus ojos arderán con un fuego extraño y sus narices arrojarán llamas. También Loki será liberado y enjarciará un navío fantasmal, Naglfar, hecho de uñas de hombres muertos. Con su andrajoso velamen y una tripulación de cadáveres putrescentes, zarpará del reino de los muertos que rige su hija Hel…

Y la Serpiente Midgard se echará a tierra, rodando por campos y prados.

En el sur se hendirán los cielos en pedazos. Del país del más allá – Muspellsheim, la aterradora e ignota tierra del fuego que existía mucho antes de que Odín y sus hermanos crearan el mundo – vendrá una inmensa multitud de jinetes en brillantes vestiduras, armados con espadas flamígeras.

Ante el ataque del enorme ejército, todo empezará a arder y el gran puente del arco iris se derrumbará bajo su peso. La sangrienta y decisiva batalla final se librará en un lugar llamado el Llano de Vigrid (de mil kilómetros de ancho y mil de largo). Odín será devorado por el Lobo Fenris. Thor y la Serpiente Midgard se matarán mutuamente, al igual que Heimdall y Loki. El orbe entero se consumirá en llamas. Hasta Yggdrasil – el gran árbol del mundo – será abrasado por el fuego. Cuando se extingan las llamas, el mundo quedará reducido a cenizas humeantes. Sus restos chamuscados se sumergirán en el mar, desapareciendo…

¿Será el fin?

No. Del mar emergerá una tierra nueva, verde y hermosa. Exuberante como un sueño. Con campos que se siembran solos. Y sobreabundancia de peces y de caza. Ya nadie pasará hambre ni padecerá frío… ¡Y fijaos! El sol ha dado a luz una hija. Todo mal se ha terminado. La tierra ha quedado limpia. ¡Una nueva vida puede empezar! Asgard no existe ya. No queda ni una sola piedra de la antigua fortaleza de los dioses. Sin embargo, será allí donde regresen, los asas supervivientes de la gran batalla final…

¿Sobrevivirá alguien, pues?

Los afortunados, los que heredarán la tierra.

¿Habrá mortales entre ellos?

Solamente un hombre y una mujer sobrevivirán. Sus nombres son Liv y Livtrase. Ambos buscaron refugio en un lugar llamado el Boscaje de Hoddmime, escapando así de la conflagración. Y el mar los devolvió con vida. Durante mucho tiempo, el rocío de la mañana fue su único alimento. De esa pareja nacerá una nueva raza humana.

Entonces, ¿hay esperanza?

De acuerdo con los mitos, siempre habrá esperanza.

Note

Esta sección ha sido elaborada a partir de un genial artículo de Tor Åge Bringsværd (1939-), que ha sido galardonado por su obra narrativa y dramática. Escribe para niños y adultos. Sus libros han sido traducidos a quince idiomas, y sus obras de teatro se han representado en trece países.